Ciberseguridad y protección de datos: el riesgo de compliance que más preocupa a las empresas españolas
Un estudio realizado por Adlanter revela que la ciberseguridad es una de las principales prioridades para las empresas, pero también el área donde existe la mayor brecha entre preocupación y nivel real de preparación.
17 de junio de 2026

📝- Index
- El concepto de compliance está cambiando
- El dato más revelador del estudio de Adlanter
- Por qué existe esta brecha entre preocupación y preparación
- El error más frecuente: pensar que la ciberseguridad es solo un problema tecnológico
- Protección de datos y ciberseguridad: dos riesgos inseparables
- La falsa sensación de seguridad sigue siendo uno de los mayores riesgos
- El compliance del futuro pasa necesariamente por la seguridad digital
El cumplimiento normativo ha dejado de ser, desde hace tiempo, una cuestión limitada al ámbito fiscal, laboral o mercantil. La creciente digitalización de los negocios ha ampliado el concepto tradicional de compliance, incorporando nuevos riesgos vinculados a la gestión de la información, la seguridad tecnológica y la protección de datos.
En este nuevo escenario, la ciberseguridad se ha consolidado como una de las principales preocupaciones para las empresas españolas. Sin embargo, muchas organizaciones siguen percibiendo una diferencia significativa entre la importancia que conceden a esta materia y su nivel real de preparación.
Esta es una de las principales conclusiones que se desprenden del estudio “Prioridades en materia de cumplimiento normativo: Radiografía del compliance en la empresa española”, elaborado por Adlanter a partir de una muestra de 122 empresas españolas.
Los resultados reflejan una realidad cada vez más evidente: la seguridad digital ya no es únicamente una cuestión tecnológica. Se ha convertido en un elemento estratégico dentro de cualquier política de cumplimiento normativo.
El concepto de compliance está cambiando
Durante años, cuando una empresa hablaba de cumplimiento normativo, normalmente lo hacía en relación con obligaciones fiscales, laborales o societarias.
Hoy, sin embargo, el escenario ha cambiado de forma significativa.
La digitalización de procesos internos, el uso masivo de plataformas cloud, el tratamiento constante de datos personales y la creciente sofisticación de los ciberataques han provocado que la gestión del riesgo tecnológico ocupe un lugar cada vez más relevante dentro de las estrategias empresariales.
En otras palabras: el compliance ya no se limita a cumplir con obligaciones administrativas o regulatorias tradicionales.
Hoy también implica gestionar adecuadamente los riesgos digitales que pueden comprometer la continuidad del negocio, la reputación corporativa o incluso la responsabilidad de la propia organización.
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El dato más revelador del estudio de Adlanter
Uno de los datos más interesantes que arroja el estudio realizado por Adlanter tiene que ver precisamente con la percepción que tienen las empresas sobre ciberseguridad.
A las organizaciones participantes se les pidió valorar, en una escala del 1 al 5, cuáles eran sus principales prioridades en materia de cumplimiento normativo.
Los resultados sitúan a la ciberseguridad como la segunda prioridad más importante, con una puntuación media de 4,31 sobre 5, solo por detrás del compliance fiscal.
Sin embargo, cuando se preguntó a estas mismas empresas hasta qué punto consideraban que realmente se encontraban preparadas o actualizadas en esta materia, la puntuación descendió hasta 3,94 sobre 5. Esto genera una brecha de +0,37 puntos, la mayor detectada en todo el estudio.
La conclusión resulta especialmente significativa. Las empresas son plenamente conscientes de que la ciberseguridad es crítica, pero muchas reconocen que no están suficientemente preparadas para gestionar adecuadamente este riesgo.
Por qué existe esta brecha entre preocupación y preparación
El propio estudio permite entender mejor las causas que explican esta diferencia.
Cuando se preguntó a las empresas qué factores dificultaban la gestión de sus obligaciones de compliance, aparecieron dos barreras especialmente relevantes.
La primera es la falta de tiempo, señalada por el 41,3% de las empresas encuestadas. La segunda es la falta de conocimientos técnicos especializados, mencionada por un 31,2%.
Se trata de dos obstáculos que afectan especialmente a materias complejas como la ciberseguridad y la protección de datos, donde la regulación evoluciona constantemente y exige una supervisión continua.
Muchas organizaciones son conscientes de la importancia del problema, pero no siempre disponen de los recursos internos, el conocimiento técnico o la estructura necesaria para gestionarlo correctamente.

El error más frecuente: pensar que la ciberseguridad es solo un problema tecnológico
Uno de los errores más habituales que siguen cometiendo muchas empresas consiste en considerar que la ciberseguridad pertenece exclusivamente al ámbito informático.
En realidad, el riesgo digital tiene implicaciones mucho más amplias.
Una brecha de seguridad puede provocar interrupciones operativas, comprometer información confidencial, afectar a datos personales de clientes o empleados y generar importantes daños reputacionales.
Además, determinadas incidencias pueden derivar en incumplimientos regulatorios relacionados con normas como el Reglamento General de Protección de Datos, cuya aplicación exige a las organizaciones adoptar medidas adecuadas para garantizar la seguridad de la información tratada.
Por este motivo, la ciberseguridad debe abordarse como una cuestión transversal que afecta directamente a la estrategia global de cumplimiento normativo de cualquier empresa.
Protección de datos y ciberseguridad: dos riesgos inseparables
En muchas ocasiones, las empresas analizan la protección de datos y la ciberseguridad como si se tratara de materias independientes.
Sin embargo, ambas están profundamente conectadas.
La gestión de datos personales exige implementar medidas técnicas y organizativas adecuadas para garantizar su confidencialidad, integridad y disponibilidad.
No basta con disponer de cláusulas legales o políticas de privacidad correctamente redactadas.
La protección efectiva de la información exige también contar con protocolos internos, controles de acceso, gestión segura de proveedores, procedimientos de respuesta ante incidentes y mecanismos de supervisión continuada.
Por ello, cada vez más organizaciones están empezando a integrar ambas áreas dentro de una misma estrategia global de gestión del riesgo corporativo.
La falsa sensación de seguridad sigue siendo uno de los mayores riesgos
Muchas empresas consideran que están razonablemente protegidas porque disponen de herramientas tecnológicas básicas o cuentan con un proveedor informático externo.
Sin embargo, la realidad suele ser bastante más compleja.
Disponer de antivirus, copias de seguridad o sistemas actualizados no siempre significa que la organización esté realmente preparada para afrontar incidentes de seguridad o cumplir adecuadamente con sus obligaciones regulatorias.
La verdadera protección exige revisar de forma constante aspectos como:
- Quién tiene acceso a la información sensible de la empresa.
- Qué protocolos internos existen para prevenir incidentes.
- Cómo se gestionan posibles brechas de seguridad.
- Qué nivel de formación tienen los empleados.
- Qué garantías ofrecen terceros proveedores que acceden a información crítica.
En muchas ocasiones, el principal riesgo no es el ciberataque en sí mismo, sino asumir erróneamente que la empresa ya está suficientemente preparada.
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El compliance del futuro pasa necesariamente por la seguridad digital
Las conclusiones del estudio realizado por Adlanter reflejan un cambio de tendencia claro.
La ciberseguridad y la protección de datos han dejado de ser cuestiones exclusivamente técnicas para convertirse en elementos estratégicos dentro del gobierno corporativo de cualquier organización.
Las empresas son cada vez más conscientes de esta realidad, pero muchas siguen enfrentándose a limitaciones internas que dificultan una gestión realmente eficaz de estos riesgos.
Comprender dónde están las vulnerabilidades reales, identificar las áreas de exposición y adoptar una visión integral del compliance se ha convertido en una prioridad ineludible para operar con seguridad en un entorno regulatorio y tecnológico cada vez más exigente.

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